Jonás fue un profeta bíblico. Recibe de Dios la misión de ir a predicar a una ciudad pagana llamada Nínive. Se niega a obedecer éste llamado porque no se cree capaz de cumplir con dicha tarea por lo que huye de la presencia de Dios, embarcándose rumbo a Tarsis. En el camino, Dios le prepara una tempestad y al saber los tripulantes que Jonás era la razón de la tormenta lo arrojan al medio del mar.
Jonás fue "tragado" por una ballena, en cuyo vientre estuvo por tres días, reflexionando, orando, siendo finalmanete expulsado a tierra firme. Jonas decide atender al "llamado" (vocación) del Destino y hablar con los habitantes de Nínive.
Jonás fue "tragado" por una ballena, en cuyo vientre estuvo por tres días, reflexionando, orando, siendo finalmanete expulsado a tierra firme. Jonas decide atender al "llamado" (vocación) del Destino y hablar con los habitantes de Nínive.
Abraham Maslow padre de la psicología humanista, acuñó el término “Complejo de Jonás” inspirándose en el personaje bíblico, para identificar una neurosis que habita en el ser humano: el miedo a la propia grandeza o huida del propio destino.
... "califiqué en un principio a esta defensa de «miedo a la propia grandeza» o «evasión del propio destino» o «huida de nuestros mejores talentos». Quería subrayar, tan lisa y llanamente como me fuera posible, el punto de vista no-freudiano según el cual tememos tanto a lo mejor como a lo peor de nosotros mismos, aunque de modo diferente. La mayoría de nosotros podríamos ser mejores de lo que en realidad somos. Todos tenemos potencialidades sin usar o sin desarrollar plenamente. En realidad, muchos de nosotros esquivamos las vocaciones (llamada, destino, tarea o misión en la vida) sugeridas por nuestra constitución. Tendemos a rehuir las responsabilidades dictadas (o más bien insinuadas) por la naturaleza, el destino, incluso a veces por accidente, tal como Jonás intentó —en vano— escapar de su destino.
Tememos a nuestras máximas posibilidades (así como a las más bajas). Por lo general nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos, en las condiciones más perfectas y de mayor coraje. Gozamos e incluso nos estremecemos ante las divinas posibilidades que descubrimos en nosotros en tales momentos cumbre, pero al mismo tiempo temblamos de debilidad, pavor y miedo ante esas mismas posibilidades.
Maslow, Abraham (1971)
Maslow, Abraham (1971)
La personalidad creadora
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