lunes, 29 de mayo de 2017

La casa de Huéspedes - Rumi



Esto de ser un ser humano es como administrar una casa de huéspedes.
Cada día una nueva visita, una alegría, una tristeza,
una decepción, una maldad,

alguna felicidad momentánea
que llega como un visitante inesperado.
Dales la bienvenida y acógelos a todos ellos,
incluso si son un grupo penoso que desvalija completamente tu casa.

Trata a cada huésped honorablemente pues podría estar haciendo espacio para una nueva delicia.

El pensamiento oscuro, lo vergonzante, lo malvado,
recíbelos en tu puerta sonriendo e invítalos a entrar.

Agradece a todos los que vengan
pues se puede decir de ellos que han sido enviados
como guías del más allá.


RUMI


viernes, 19 de mayo de 2017

Flexibilidad Psicológica


La siguiente entrada fue publicada por el Lic Fabían Maero en el blog del Grupo Act Argentina
El modelo de flexibilidad psicológica mantiene que el dolor es una consecuencia natural del vivir pero que las personas sufren innecesariamente cuando su nivel general de rigidez psicológica les impide adaptarse a los contextos internos o externos.
El sufrimiento innecesario se produce cuando los procesos verbales/cognitivos tienden a estrechar el repertorio humano en áreas clave mediante el enredo cognitivo y la evitación experiencial. Cuando las personas se sobre-identifican, o  “fusionan”, con reglas verbales inviables, su repertorio conductual se vuelve más estrecho y pierden contacto efectivo con los resultados directos de la acción.
Estas respuestas inhiben su capacidad de cambiar de curso cuando las estrategias que se aplican no dan resultado. También provoca que las personas sean más persistentes tratando de analizar y entender sus dificultades. Tener “razón” sobre lo que va mal puede llegar a tener mayor importancia que vivir de una manera vital y efectiva.
Cuando las personas se involucran en evitación experiencial su comportamiento queda bajo control aversivo; es decir, están intentando principalmente evitar, suprimir o escapar de pensamientos, sentimientos, recuerdos o sensaciones físicas. La evitación genera más restricción conductual y una progresiva pérdida de contacto con las consecuencias positivas de las respuestas.
Un circuito de evitación puede volverse dominante cuando la necesidad de mantener la evitación aumenta a medida que el “daño colateral” se asienta (p. e., rechazando relaciones, frustrando esperanzas y sueños, etc.) (p.64)



Fabian Maero
Psicólogo, profesor en psicología 

martes, 14 de febrero de 2017

CRISIS PSICOLÓGICA



Una crisis es un evento traumático que desborda la capacidad de la persona para afrontarla (Benveniste, 2001), este es un estado temporal de desorganización, caracterizado por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas y por la intención de obtener un resultado radicalmente positivo o negativo en la situación considerada como estresante (Salikeu, 1988)

La crisis es:
-       
     * Repentina

-       * Inesperada, no puede ser anticipada (no aplica para crisis por evocación o anticipación del pensamiento)

-       * Urgente, pues amenaza el bienestar psíquico y/o psicológico.

-       * Masiva, algunas crisis circunstanciales afectan a muchas personas al mismo tiempo

-       * Implica peligro o amenaza en la integridad del individuo

REACCIONES FRENTE A UNA CRISIS PSICOLÓGICA

La crisis como perturbación del estado normal de equilibrio, generará en el sujeto una serie de reacciones físicas/orgánicas, comportamentales, cognitivas y emocionales (Cohen 2003)

a)  Reacciones físicas
-       Sensación de cansancio o agotamiento
- Alteraciones gastrointestinales
-       Cambio de apetito
-       Sensación de ahogo
-       Perturbación de condiciones crónicas como diabetes o hipertensión
-       Taquicardia
-       Sobresaltos
-       Sudoración

b)  Reacciones cognitivas o del pensamiento
-       Confusión
-       Pesadillas
-       Rumiación o preocupación con el problema
-       Dificultad para concentrase y poner atención, lo que puede ocasionar problemas de memoria.
-        Dificultad para la toma de decisiones
-       Cuestionamiento a creencias religiosas o espirituales

c)  Reacciones emocionales
-       Tristeza
-       Irritabilidad
-       Miedo
-       Desesperación o agobio
-       Culpa
-       Percepción de fracaso
-       Cambio de humor

d)  Reacciones de comportamiento
-       Alteraciones del sueño
-       Llanto
-       Alto nivel de actividad o energía
-       Sobresaltos
-       Aislamiento


Fuente: Primeros auxilios psicológicos. Cruz Roja Argentina

Si estás pasando por un momento difícil no te quedes callado. BUSCA AYUDA PROFESIONAL.  Si observas que alguien de tu entorno puede estar sufriendo asesórate de qué manera podes ayudarlo.

Psicóloga

Contacto:
15.6787.0730

viernes, 30 de diciembre de 2016

Haciendo el balance


Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.
Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. 
Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo.
Ser feliz es una decisión, no nos olvidemos de eso.
Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: A aprender a amar, a dejar huella y a ser felices.
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo, sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo, de lo cual debemos deshacernos, y no como el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos...
Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.
El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos. Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida.
Nuestras casas, independientes de los recursos, se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.
Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual.
Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias. 
Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca. 

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta 
El balance, según Mamerto Menapace

Mamerto Menapace es un monje y escritor argentino. Nació el 24 de enero de 1942 


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sábado, 3 de diciembre de 2016

Vivir en nacer a cada instante

La naturaleza del bienestar
Erich Fromm


A comienzo de siglo, las personas que acudían al psiquiatra eran, principalmente, personas que padecían síntomas. Tenían un brazo paralizado o un síntoma obsesivo, por ejemplo, la compulsión a lavarse, o bien sufrían de ideas obsesivas de las que no podían desembarazarse. En otras palabras, estaban enfermos en el sentido en que se usa la palabra «enfermedad» en medicina, algo les impedía funcionar socialmente como las personas llamadas normales. Si sufrían de esto, su concepto de la curación correspondía al concepto de la enfermedad. Querían librarse de los síntomas y concebían el  «bienestar» como no estar enfermos. Querían estar bien como las personas normales o, como también podríamos decir, no querían sentirse más infelices o perturbados que cualquier persona normal de nuestra sociedad.
Esas personas todavía acuden al psicoanalista en busca de ayuda, y para ellos el psicoanálisis sigue siendo una terapia que tiende a eliminar sus síntomas y a permitirles funcionar de manera social. Sin embargo, mientras que en una época constituyeron el grueso de la clientela del psicoanalista, en la actualidad solo constituyen una minoría, quizás porque su número es relativamente menor si lo comparamos con los numerosos  «pacientes» que van al psicoanalista sin saber en realidad de qué sufren. Son pacientes que se quejan de estar deprimidos, de padecer insomnio, de no ser felices en su matrimonio, de no disfrutar su trabajo y de otros síntomas similares. Por lo general creen que este o aquel síntoma en particular constituye su problema y que, si pudieran librarse de éste, se pondrían bien. No obstante, esos pacientes no ven que su problema no es la depresión, el insomnio, su matrimonio, ni su trabajo. Esas quejas son solo la forma consciente en la que nuestra cultura les permite expresar algo que descansa mucho más profundamente, algo común a todas las personas que de modo consciente creen sufrir de este o aquel síntoma en particular. El sufrimiento común  es la enajenación de uno mismo, de nuestros semejantes y de la naturaleza, la conciencia de que la vida se nos escapa de las manos como la arena y de que moriremos sin haber vivido, de que vivimos en medio de la plenitud y, sin embargo, no estamos alegres.
¿Cuál es la ayuda que puede ofrecer el psicoanálisis a quien sufren esta maladie du siècle Esta ayuda es –y debe ser- diferente de la «curaci
ón» que consiste en eliminar los síntomas que se ofrece a quienes no pueden funcionar socialmente. Para quienes sufren la alienación, la curación no consiste en la ausencia de la enfermedad sino en la presencia de bienestar.
Sin embargo, si tuviéramos que definir el bienestar nos encontraríamos con considerables dificultades. Si permanecemos dentro del sistema freudiano deberíamos definir el bienestar en términos de la teoría de la libido como la capacidad para el pleno funcionamiento genital o, desde una perspectiva diferente, como la conciencia de la situación edípica oculta. Pero estas definiciones, en mi opinión, son solo respuestas tangenciales al problema real de la existencia humana y al logro de bienestar por el  hombre total. Cualquier intento de dar una respuesta aproximada al problema del bienestar debe trascender el marco de referencia freudiano y conducir a una discusión, por incompleta que sea, del concepto básico de la existencia humana en el que se basa el psicoanálisis humanista. Solo de ese modo sentaremos las bases adecuadas para establecer una comparación entre el psicoanálisis y el pensamiento del budismo zen.
El primer intento de definir el bienestar puede ser éste: el bienestar es estar de acuerdo con la naturaleza del  hombre. Si vamos más allá de esta declaración formar surge la pregunta: ¿Qué es estar de acuerdo con las condiciones de la existencia humana? ¿Cuáles son esas condiciones?
La existencia humana plantea un problema. Al hombre se le arroja a este mundo sin voluntad, y también lo abandona sin su voluntad (…) –el ser humano tiene que vivir su vida, no es vivido por ella. Está en la naturaleza y, sin embargo, la trasciende. Es consciente de sí mismo, y esa conciencia de sí mismo como entidad separada le hace sentirse insoportablemente solo, perdido, impotente. El mismo hecho de nacer plantea un problema. En el momento del nacimiento la vida le plantea un problema al hombre y esa pregunta debe ser respondida. El ser humano debe responder a esa pregunta en cada momento. No su mente ni su cuerpo sino él, la persona que piensa y sueña, que duerme y come, que llora y ríe, el hombre total. ¿Cuál es la pregunta que plantea la vida? La pregunta es. ¿Cómo podemos superar el sufrimiento, el encarcelamiento, la vergüenza que crea esa experiencia de separación; cómo podemos volver  a unirnos con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con la naturaleza? El ser humano debe responder de algún modo a esta pregunta. Aun la misma locura, al rechazar la realidad externa y vivir completamente dentro de nuestra propia concha, es una respuesta a esta pregunta que intenta superar el miedo a la separación.
La pregunta siempre es la misma. Sin embargo, hay distintas respuestas posibles, aunque todas ellas puedan limitarse a dos. Una es superar la separación y encontrar la unidad en la regresión al estado de unidad que existía antes de la emergencia de la conciencia, es decir, antes del nacimiento del hombre. La otra posible respuesta es nacer plenamente, desarrollar la propia conciencia, la propia razón, la propia capacidad de amar, hasta el punto de trascender la propia envoltura egocéntrica y alcanzar una nueva armonía, una nueva unidad con el mundo.(…) El nacimiento no es un acto, es un proceso. El objetivo de la vida es nacer completamente, aunque la tragedia es que la mayoría de nosotros muere sin haber nacido así. Vivir en nacer a cada instante
La naturaleza del bienestar (fragmento)
Erich Fromm

Del libro Psicoterapia y salud en Oriente y Occidente
Kairos.1990, pag 100,101,102

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María Fernanda Blanco
Psicóloga
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domingo, 16 de octubre de 2016

Un cerebro atento es un cerebro feliz


¿Qué hace la mente cuando no hace nada?
¿Qué hace la mente cuando no tiene una tarea específica que atender?
Cuando la mente no está haciendo algo específico divaga. Estamos mucho tiempo en este estado, la mayor parte de nuestro tiempo
Es un estado basal, un modo default
Cuando la mente divaga aparecen pensamientos que tienen 3 características básicas:
1)      Son automáticos. Aparecen más allá de nuestra voluntad
2)      Son pensamientos de pasado y de futuro
3)      Buscar el control de la situación.Buscar a certidumbre

Esto no siempre es negativo, pueden en esos momentos aparecer momentos creativos.


La otra mente que divaga es la mente que está anticipando los problemas, las dificultades, que se preocupa por algo que les quedó pendientes, que quiere tener el control completo de una situación que es incierta.  Esa mente  activa un modo de alerta, un modo de alarma. Esa mente produce distracción, ansiedad, estrés, pensamientos rumiantes, y en algunos casos estados depresivo

sábado, 8 de octubre de 2016

Expresar nuestras necesidades



En un mundo donde a menudo se nos juzga con severidad cuando reconocemos y expresamos nuestras necesidades, hacerlo puede ser aterrador. Las mujeres, en particular, son muy susceptibles a las críticas. La imagen de la mujer amorosa se asocia desde hace siglos con el sacrificio y la negación de sus propias necesidades en beneficio de las ajenas. Como la mujer se ve en la sociedad como un ser cuya obligación primordial consiste en cuidar de los demás, es frecuente que se le enseñe a ignorar sus necesidades. Nos dice Marshall Rosenberg en su Libro “Comunicación no violenta”

¿Qué opinas? ¿Algo está cambiando? ¿Las nuevas generaciones se sienten más libres de expresarse?  ¿Se puede cuidar a los demás sin necesidad de descuidarse a uno mismo?
Claro que sí. No es tarea fácil, lo sé, es un aprendizaje. El punto de partida es tomar coraje y observar sin juzgar cuales son nuestros patrones de conducta, de pensamientos y de emociones. Prestarle atención plena (mindfulness) deliberadamente  y sin juzgara a lo que pasa por nuestro cuerpo, por nuestra mente y por nuestra alma. ¿Cuáles son nuestros deseos? ¿Qué necesitamos?  ¿De qué forma expresarlos? El dolor de expresar nuestras necesidades frente al dolor de no expresarlas; ¿Qué creencias hay detrás de ese dolor? ¿culpa, vergüenza, miedo?
 Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos y poder expresarlos de manera compasiva es un paso necesario si queremos tener una vida plena, en paz y en armonía

María Fernanda Blanco
Psicóloga
Mindfulness y Compasión